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jueves, 12 de julio de 2012

Lo que no veas, jamás te hará daño.


Buenas noches, me presento:

Soy amparo de las calles transitadas en exceso, también cobijo para aquellos que creen haber perdido lo que algún día sintieron entre sus dedos. Los que deambulan abrazados a mí no ven otro ocaso, solo horas tardías que imitan cadalsos. Cada amanecer muero un poco, como aquel que madruga y consume su vida sin respeto. Quisiera conocer cómo es la gente, la corriente y moliente, en sus idas y venidas por las amplias aceras en un día cualquiera, de calor, humor y con palabras que imitan versos, y con versos que se convierten en escaleras que llegan a oídos de los más despiertos.
''Muchas cosas pasan en tu presencia, muchas cosas malas y no solo en apariencia''. 
Qué culpa tengo yo, si ya sé que envidio al Sol, desde el primer momento que noto su calor y me retiro. Si yo cobrase vida sería otro pobre infeliz que no anda, deambula...  Soy la tristeza personificada, el lamento hecho cráter.
''¡Qué día tan soleado, qué felicidad tan plena!''  
Jamás escuche nada halagador de mí, soy simplemente una masa de gases nobles, que observa a las masas grises deambular, naufragar...
El hombre inventó el faro, la linterna, las luciérnagas desprenden tu luz, los animales duermen de noche... el búho ulula y caza a traición cuando le observo, y aún así no se intimida.

Qué puedo ofrecer yo al mundo, que el mundo no haya visto. 






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