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miércoles, 23 de noviembre de 2011

La sonata a Kreutzer, de León Tolstoi

Epílogo: Debemos abandonar el pensamiento de pecado y de exaltación ante el amor carnal, debemos entender que el objetivo del hombre es servir a la humanidad, a su país, a la ciencia o al arte y tener como objetivo menos prioritario el servicio a Dios.



Es extraña la ilusión de que la belleza  es el bien. Una mujer bella dice tonterías, y uno la escucha y oye frases inteligentes. Habla de vilezas, y uno no encuentra más que cosas buenas. Cuando no cuenta tonterías ni vilezas, sino que se contenta con ser bella, uno tarda en persuadirse de que es un milagro de inteligencia y de moral. Volví a casa entusiamado y decidí que esa muchacha era la cumbre de la perfección y de la virtud y que era digna de ser mi mujer. Al día siguiente pedí su mano. ¡Qué absurdo! De mil hombres de nuestra posición social, y desgraciadamente también del pueblo, apenas si se puede encontrar a uno que no haya estado casado antes de su boda, al menos diez, y otros, cien o incluso mil veces, como Don Juan. He oído decir y he observado que ahora hay jóvenes puros que se dan cuenta de que el matrimonio no es una tontería sino algo grande. ¡Dios les ayude! En mis tiempos no se podía encontrar siquiera uno entre diez mil que lo comprendiera así. Todo el mundo sabe esto, pero finge ignorarlo. Las novelas describen  hasta en sus mínimos detalles los sentimientos de los protagonistas, los estanques, los arbustos junto a los que se pasean; pero, al retratar el gran amor de un joven por una muchacha, no hablan de lo que era antes; no dicen acerca de sus visitas a las casas de tolerancia, de sus relaciones con doncellas, cocineras y mujeres casadas. Incluso si existen novelas tan indecentes, se tiene buen cuidado de que no las lean las muchachas, a quienes precisamente les serían muy necesarias. En primer lugar, la gente simula creer ante ellas que la perversión que absorbe la mitad de la vida de nuestros pueblos y ciudades no existe. Y después, se acostumbran tanto a ese disimulo que comienzan a creer sinceramente, como los ingleses, que somos virtuosos y vivimos en un mundo moral.  Y las desgraciadas creen firmemente en esto. Así pensaba también mi mujer.  Recuerdo que siendo novios le enseñé mi diario para que conociera, siquiera en parte, mi pasado y, sobre todo, para que se enterase de mi última relación amorosa. De todas formas se hubiera enterado por otras personas; ése fue el motivo que me impulsó a obrar así. Aún recuerdo su horror y su desesperación cuando lo comprendió. Vi que en aquel momento estaba dispuesta a abandonarme. ¿Por qué no lo hizo?

Pózdnyshev emitió el sonido que le era peculiar, guardó silencio durante un rato y tomó un sorbo de té.












La sonata a Kreutzer-  Ludwig van Beethoven




Tolstoi creía en la transformación del ser humano gracias a la bondad natural, la que lo conducirá a abandonar la felicidad ilusoria y a buscar una forma de vivir más ajustada a la naturaleza.

El Naturalismo recoge  las miserias humanas, para ofrecernos la imagen de unos seres limitados por la sociedad injusta en la que viven. El afán de denuncia contra la sociedad de su tiempo se percibe a través de los personajes embrutecidos que crea la propia sociedad.

Este es el caso del protagonista, Pózdnyshev, el cual se encuentra vencido por los celos y las normas implícitas de la sociedad. De este modo, su propia naturaleza le traiciona. Algunas frases que resumen esta norma implícita son:

“Por tres cosas doy gracias a la fortuna: haber nacido hombre y no bestia, griego y no bárbaro, varón y no hembra.” Tales de Mileto

“Te cases o no te cases te acabarás arrepintiendo.” Sócrates

“Dos cosas anhela el hombre: el juego y el peligro. Por eso quiere a la mujer, que es el juguete más peligroso.” Nietzsche

 “Si la mujer fuera buena, Dios tendría una.” Sacha Guitry

“Lo mejor de ser mujer es no tener que casarme con una.” Catalina de Rusia


El protagonista acabará vagando de tren en tren, autocompadeciéndose y relatando su historia a pasajeros que vienen y van, como si buscase la empatía y el perdón colectivo.



Las preguntas que deberían asaltar vuestra mente son tales como ¿Qué representa el título? ¿Tiene algo que ver con la música? ¿Creía Tolstio que la música ensancha el espíritu, como sostenían los griegos? ¿Le ayudará la música a combatir las pasiones, o por el contrario, exaltará el carácter natural de uno mismo?



La respuesta deberéis encontrarla vosotros/as, lectores imaginarios.

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