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lunes, 21 de noviembre de 2011

Aciertos y errores

El publicista no vende cosméticos, sino que brinda belleza, atractivo e ilusión. Para atraer al potencial comprador  de un colorete, no sólo realzará las características  del producto, sino también  la comodidad, la seguridad y el prestigio que proporcionará al comprador. El miedo a la pobreza, a la enfermedad, a la pérdida del rango social o a sufrir alguna desgracia logra a veces que las personas adquieran productos concretos, ya sea un seguro de vida, un coche más grande, cosméticos o compuestos vitamínicos.  Algunas mujeres creemos que lo más práctico es un pequeño pellizco en las mejillas o un café irlandés. 

La industria publicitaria es un fenómeno relativamente reciente. Las agencias publicitarias utilizan gran parte de su tiempo en planificar, crear y producir los anuncios para sus clientes. Es habitual que cuenten con un gran número de ejecutivos y creadores. Entre estos hay especialistas en marketing, contables, matemáticos y psicólogos que se encargan de las arquitecturas del deseo.

Según los grandes empresarios y numerosos economistas, la publicidad desempeña un papel crucial en el desarrollo de mercados de bienes de poco valor. Existe al menos un estudio a escala mundial sobre los gastos de cada país en publicidad, y en él se demuestra que existe una correlación directa entre ésta y el nivel de vida, lo que corrobora la teoría anterior.  Los orígenes de la publicidad se remontan a la Antigüedad: uno de los primeros métodos de publicidad consistía en pintar los anuncios en los muros. Un anuncio desenterrado en Roma informa sobre un terreno puesto a la venta y otro encontrado en una pared de Pompeya  anuncia una taberna situada en otra ciudad.  Durante la Edad Media se desarrolló una técnica simple pero eficaz, que consistía en anunciar de viva voz eventos y productos, gracias a los pregoneros.

La publicidad impresa no se desarrolló hasta la aparición de la imprenta (siglo XV). La marca registrada que simboliza una empresa o producto apareció por vez primera en el siglo XVI, cuando los comerciantes empezaron a mostrar estos símbolos a la entrada de sus tiendas. A finales del siglo XIX muchas empresas estadounidenses empezaron a vender sus productos en envases que llevaban impresa la marca.  En efecto, desaparecieron así las llamadas marcas blancas, sustituidas por los tiburones blancos que nadan en este complejo mar de ofertas.


Después llegó la electricidad, que contribuyó a la creación de anuncios luminosos. Más tarde, en la década de 1920 la aparición de la radio estimuló una nueva técnica de venta que utilizaba la voz como reclamo. Una copia moderna de los pregoneros, claro está. El invento más significativo fue la televisión, un medio que forzó a la industria publicitaria a mejorar sus técnicas comerciales utilizando medios visuales y sonoros.  En la década de 1990 destaca la generalización del uso de reproductores de vídeo y de mandos a distancia para éstos y para las televisiones.Las agencias de publicidad consideraron una amenaza esta generalización porque los espectadores pueden borrar los anuncios cuando graban programas o pasarlos a alta velocidad cuando ven una cinta grabada; además, la existencia del mando a distancia modifica también la conducta del televidente al poder éste cambiar inmediatamente de cadena o quitar el sonido en tanto se emitan los anuncios (zapping).





Pues bien, en 1931 el economista  John Maynard  Keynes se planteó el siguiente interrogante  en el ensayo ''Las posibilidades económicas de nuestros nietos'',  que publicaría dentro de sus ensayos de Persuación : ¿Cómo será el mundo que habitarán nuestros hijos  o los hijos de nuestros hijos?'' 
La primera versión del ensayo fue una conferencia impartida en Madrid. En ella, Keynes creía detectar en el amor al dinero como uno de los principales males de su época. Consideraba el utilitarismo como el ''gusano que ha corroído  por dentro nuestra civilización''. Aventuraba la posibilidad de alcanzar en el futuro un ideal ético en el que renacería el amor a la belleza, a la verdad y al trato con los amigos. 












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